Crecer on-line. Semana 11.

Esta semana la vamos a dedicar a la culpa. ¿Quién no se ha sentido culpable alguna vez? Seguramente en más de una ocasión te has sentido culpable de algo ¿cierto? ¿Qué sientes cuando te asalta la culpa? ¿Dónde lo sientes? Y la pregunta definitiva sería ¿qué utilidad tiene la culpa?

Cuando alguien te echa la culpa, ¿qué sueles hacer? Tal vez le devuelves la culpa. Tal vez intentas justificarte. Quizás reacciones de alguna manera particular. Por lo general, cuando alguien te echa la culpa, te sientes herido/a, triste o incluso infeliz. Eso te pasa porque internamente opones resistencia. Recuerda que “lo que resiste, persiste”.

La razón principal por la que hay tanta confusión acerca de la culpa se debe a que hemos acumulado una serie de creencias erróneas acerca de cómo funciona la culpa y lo que nos aporta. Creemos que la culpa asigna la responsabilidad y resuelve los problemas. Por lo tanto, la culpa es necesaria. Noooo! Esta es una creencia errónea. También suponemos que criticar la conducta de otra persona, las ideas o incluso sus sentimientos es la manera de conseguir que cambien. Otra creencia errónea. Creemos que defendernos con un contrataque a la otra persona nos va a librar de la acusación y la crítica. Más creencias erróneas.

De hecho, la culpa en realidad nos distrae de soluciones mediante la creación de animosidad y separación que socavan la confianza y aleja de la felicidad a los involucrados. Mientras caes en lo reproches, la acusación y la culpabilidad no te estás dedicando a solucionar el problema. Veamos algunos ejemplos:

Cuando criticamos, acusamos y castigamos, sólo estamos haciendo lo que siempre hemos hecho y lo que hace mucha gente a nuestro alrededor. Dado que la culpa es tan común, debe ser bueno utilizarla ¿no?

Imagina a Alba de 15 años de edad.  Entra en la cocina y su padre dice: “¿Piensas ir a la escuela vestida de esa manera?”. Alba mira a su padre con rabia y se va rápidamente. El padre critica la decisión de su hija y la acusa de no vestirse adecuadamente. Llega al extremo de acusarla de vestirse como una fulana. Él cree que está haciendo su trabajo como padre (creencia errónea). Mientras, Alba va a la escuela enojada y humillada. Se siente criticada y desvalorizada, se distancia de su padre y su autoestima sufre. Por supuesto que todos queremos que nuestros hijos se vistan de forma correcta, pero la culpa, el sarcasmo y las acusaciones no son el mejor camino.

En el cuaderno de crecimiento te invito a explorar un poco más cómo es tu relación con la culpa.

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