Crecer on-line. Semana 6.

Esta semana la vamos a dedicar a trabajar las relaciones. Me imagino que, como yo, te consideras un ser social con unas ciertas “necesidades” de relacionarte con otras personas. Hay personas en las que esa “necesidad” está muy marcada y otras en las que no tanto. La inmensa mayoría necesitamos relacionarnos en mayor o menor grado, pero no nos relacionamos igual con todo el mundo. No te descubro nada nuevo si te digo que no tienes la misma afinidad con todas las personas que conoces, ni sientes lo mismo por todas ellas. Solemos hablar de nuestro “círculo de amistades” o nuestro “círculo familiar”, por poner un ejemplo. De hecho, Google+ utiliza esta nomenclatura para organizar los contactos.

Tú estás en el centro de una serie de círculos concéntricos y cada uno de esos círculos corresponde a un determinado nivel de conexión con las personas que, de forma consciente o inconsciente, incluyes en esos círculos.

En el primer círculo encontrarás las personas con las que mantienes una relación más íntima. Obviamente, a lo largo de la vida este círculo va cambiando, a veces incluso puede quedar vacío, y aquí podrías hacerte la primera pregunta ¿está vacío porque tú quieres que sea así?

A continuación tienes el círculo que incluye  a las personas con las que mayor grado de confianza tienes. Normalmente se tratará de tu familia, la de origen (padres, hermanos, abuelos, etc.) o la propia (pareja, hijos, etc.), aunque no siempre es así. Con el tiempo tal vez incluyas algún amigo y, por regla general, poca cosa más. Si bien podemos pensar que se trata de personas con las que mantienes el mayor grado de confianza a lo largo de la vida, en ocasiones este círculo puede ir variando a lo largo del tiempo.

A partir de ahí aparecen otros círculos en los que las personas pueden entrar y salir dependiendo de las circunstancias de tu vida. En definitiva cuanto mas cerca esté el círculo del centro (de ti) mas importantes son para ti las personas incluidas.

Aclarado este punto ya podemos entrar en el “juego de las relaciones”. Con cada una de las personas que te relacionas, y las diferentes situaciones que compartes, desempeñas un rol determinado. Por ejemplo: en unas ocasiones juegas el rol “pareja”, en otras el rol “hijo/a”, o “padre/madre”, “jefe”, “empleado”, “amigo/a” y así una larga lista de roles entre los cuales vas saltando según las circunstancias.

Además de esos roles, existen 3 roles que podemos interpretar de forma totalmente inconsciente en una especie de juego.

¿Y de qué se trata este juego?. Se trata del Triángulo Dramático que representa tres roles diferentes en los que podemos manifestarnos: Salvador, Perseguidor y Víctima. Se trata de roles que se ejercitan de manera inconsciente y repetitiva. El Triángulo Dramático, también ha sido llamado el Triángulo de la Supervivencia, porque durante la infancia asumimos estos papeles para poder sobrevivir emocionalmente. De hecho, los tres roles del Triángulo tienen el objetivo de conseguir afecto.

Para detectar cuando estamos entrando en el Triángulo Dramático, debemos distinguir entre los papeles representados de forma consciente y auténtica, con un resultado positivo, y los papeles representados de forma inconsciente y no auténtica, con un resultado negativo.

El rol del salvador presta ayuda, a cambio de mantener la dependencia de los otros hacia sí. Necesita víctimas, y si no las encuentra las crea. Como la ayuda no es auténtica, se queja continuamente de sus esfuerzos. Suele decir siempre que se aprovechan de su generosidad. La percepción interna del Salvador es que los demás le necesitan y asume la responsabilidad de solucionar los problemas de la víctima porque cree que la víctima no puede pedir ayuda ni resolver su situación.

El rol de la víctima se las arregla para no hacer bien las cosas; envía mensajes verbales y/o no verbales quejándose de su indefensión, “pobre de mí”. Su comportamiento es autodestructivo, y provoca su humillación o sufrimiento y finge estar desconcertado. La actitud de la víctima suele ser: “yo estoy mal, tú estás mal y vamos arreglárnoslas para que yo esté peor” o “yo estoy mal, tú estás bien y quiero que te hagas cargo de mi malestar”. La víctima siente culpa, inferioridad, tristeza y tiene una baja autoestima.

El rol del perseguidor se comporta bajo el influjo de la agresividad, quiere satisfacer sus necesidades y actúa en interés propio, poniendo a los demás en situaciones difíciles o de sufrimiento. Su juego preferido se llama “te pillé”. El juego de perseguidor establece unas pautas de comportamiento rígidas, por lo estrictas o por lo poco prácticas. Exige que se cumplan a rajatabla y suele cebarse en personas vulnerables que acabarán haciendo de víctimas.

Y como dicen que más vale un gramo de práctica que toneladas de teoría, te invito a trabajar los ejercicios del cuaderno de crecimiento, como siempre, poniendo de tu parte toda la honestidad que seas capaz.

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