Empresas emocionalmente eficientes

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Qué duda cabe que vivimos momentos difíciles para muchas empresas, grandes y pequeñas, pero sobre todo las pequeñas. Dentro de la empresa es relativamente sencillo percibir los síntomas de aquellos aspectos que no funcionan como se espera: aumento de los costes, disminución de la productividad, pérdida de posicionamiento en el mercado, caída de las ventas, pérdida de clientes, o quizás todas a la vez. En cualquier caso seguramente llevan a una disminución de los beneficios, o incluso a la entrada en pérdidas. Hasta aquí un ejercicio que quizás no descubra nada nuevo y que cualquier gerente que se precie puede hacer, al fin y al cabo se trata de determinar dónde tengo el dolor.

Otra cosa es el diagnóstico para determinar las causas reales del dolor. En el ámbito de las empresas el origen de los problemas puede provenir de diferentes apectos: la maquinaria y las herramientas, los materiales utilizados, las formas o métodos de trabajo, el entorno de la empresa (competencia, clientes, normativas, etc.), el rigor y el control del trabajo realizado (calidad, medidas, etc.) y una que merece especial atención: las personas. En general, las empresas, sus gerentes, se preocupan del buen funcionamiento de los aspectos no relacionados con las personas. Tienen planes de mantenimiento, pasan auditorías, revisiones y hasta desarrollan proyectos de mejora y optimización. Sin embargo no está tan generalizada la sensibilidad por los aspectos humanos. Obviamente hay unos mínimos que se cumplen pero ¿son suficientes?

Una empresa que quiera asegurarse del buen estado de las personas debe preocuparse por tener planes de formación, saber cómo motivarlas e inspirarlas, fomentar el trabajo en equipo y darles soporte para facilitar su crecimiento profesional y personal. Pero no queda ahí la cosa. Debería preocuparse por la salud emocional de las personas. La salud emocional puede conducir al éxito en el trabajo, las relaciones y la salud. En el pasado se creía que el éxito hacía que la gente fuese feliz. Investigaciones actuales revelan que es al revés. Las personas felices son más propensas a orientarse hacia objetivos, encontrar los recursos que necesitan y atraer a los demás con su energía y optimismo – aspectos clave del éxito -.

Es necesario asegurar que todo funciona correctamente en la empresa, también las personas. Parece que dé miedo invertir en las personas. ¿Por qué cuesta tanto invertir en las personas? Las empresas son cada vez más energéticamente eficientes, tecnológicamente eficientes y muchos otros “mente” eficientes. ¿Por qué les cuesta tanto ser emocionalmente eficientes? ¿Es que está reñida la salud emocional con el resultado empresarial – financiero o no -? ¿Para la empresa, cuál es el coste de no ser emocionalmente eficiente?

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