Una historia personal

Tengo el firme convencimiento de que la principal habilidad de un buen coach es saber hacer buenas preguntas, lo que llamamos “preguntas poderosas”.

Son preguntas que hacen reflexionar al cliente y, a menudo, lo hacen removerse en la silla. Pero hay una habilidad detrás de estas preguntas, y es la habilidad de saber escuchar, escuchar no sólo con los oídos sino con todo el cuerpo: entregarse al cliente e impregnarse de lo que está explicando.

Muchas veces me he preguntado de dónde me viene la vocación para dedicarme al coaching, cómo es que me gusta escuchar a los demás. Rebuscando en mi historia personal encontré algo que me llamó la atención: mi abuelo.

Mi abuelo era una persona de las que diríamos “de la antigua escuela”. Vivió gran parte de su vida en el campo, campesino y ganadero. Participó, por imperativo legal, en dos guerras. Tuvo que emigrar de Andalucía a Cataluña buscando una vida mejor.

Era bastante tozudo, las cosas se tenían que hacer como él decía, y si no era así había riesgo de bronca. Poco después de cumplir sesenta años le detectaron un cáncer de laringe que obligó a extirparle las cuerdas vocales y hacerle una traqueotomía, ambas cosas le impedían hablar.

Su obstinación le llevó a no querer aprender a hablar con el estómago, como los ventrílocuos, lo que le obligó a tener que expresarse por señales y en una libreta escribía aquello que no entendíamos.

Todos nos esforzábamos por entenderle, pocos éramos los que podíamos entenderle sin la libreta. Leyendo sus labios y siguiendo sus gestos acabábamos entendiendo lo que decía, pero sólo algunos, entre los que me cuento.

Recuerdo los largos ratos que pasaba con él “escuchando” sus historias: de las guerras, de la post-guerra, de los cultivos, del ganado, resumiendo, sus batallitas. Yo disfrutaba con todo lo que me contaba, eso sí, me suponía un gran esfuerzo poder entenderle.

Tenía que, sencillamente, entregarme totalmente a lo que me estaba contando, era la única forma de entenderlo. A veces pienso que debían ser mis primeras sesiones de coaching, os puedo asegurar que fueron una muy buena práctica de escucha activa.

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