Proyecciones

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Hay personas que tienen cierta tendencia a querer corregir el comportamiento de los demás. Con frecuencia se sienten con la capacidad de determinar lo que está bien o mal en los demás, sin pararse a pensar en los propios comportamientos, es lo que conocemos como proyecciones. Hay un cuento de Jorge Bucay que lo explica de una forma muy didáctica:

Un hombre llama al médico de cabecera de la familia:

- Ricardo, soy yo: Julián.
- Ah, ¿qué dices, Julián?
- Mira, te llamo preocupado por María.
- Pero, ¿qué pasa?
- Se está quedando sorda.
- ¿Cómo que se está quedando sorda?
- Sí, lo que digo, necesito que la vengas a ver.
- Bueno, la sordera en general no es una cosa repentina ni aguda, así que el lunes tráemela al consultorio y la reviso.
- Pero, ¿te parece esperar hasta el lunes?
- ¿Cómo te diste cuenta de que no oye?
- Porque la llamo y no contesta.
- Mira, puede ser una cosa sin importancia, como un tapón en la oreja. A ver, hagamos una cosa: vamos a detectar el nivel de la sordera de María: ¿dónde estás tú?
- En el dormitorio.
- Y ella ¿dónde está?
- En la cocina.
- Bueno, llámala desde ahí.
- MARIAAA… No, no oye.
- Bueno, acércate a la puerta del dormitorio y grítale por el pasillo.
- MARIIIAAA… Que no, ni caso.
- Espera, no te desesperes. Toma el teléfono inalámbrico y acércate por el pasillo llamándola para ver cuándo te escucha.
- MARIAA, MARIIAAA, MARIIIAAAA… Ni caso, doctor.
 Estoy parado en la puerta de la cocina y la veo, está de espaldas lavando los platos, pero no me oye. MARIIIAAA… Ni caso.
- Acércate más. 
El hombre entra en la cocina, se acerca a María, le pone una mano en el hombro y le grita en la oreja: ¡MARIIIAAAA!. La esposa furiosa se da vuelta y le dice:
- ¿Qué quieres? ¡¿QUE QUIERES, QUE QUIEREEEES?!, ya me has llamado como diez veces y diez veces te he contestado ¿QUÉ QUIERES?… Tú cada día estás más sordo, no sé por qué no consultas al médico de una vez.

En esto consiste la proyección, cada vez que vemos algo que nos molesta en otra persona, sería bueno recordar que eso que vemos, por lo menos, también es mío. Puedes optar por la alternativa fácil, culpar al otro de lo que te molesta a ti. También puedes optar por crecer tú y averiguar qué hay en ti que hace que te moleste el comportamiento del otro. Tú eliges.

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