Seamos felices

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No me cansaré de decir que una de las preguntas que más nos ayudan en un proceso de coaching es “¿para qué?”. Esa pregunta nos enfoca hacia el futuro, hacia el resultado de aquello que buscamos o queremos conseguir. No dejo de sorprenderme cada vez que pregunto a alguien el “para qué” de algo y no sabe contestar. No tener respuesta al “para qué” es señal inequívoca de estar funcionando en “piloto automático”, por inercia, por costumbre.

De hecho, creo que sí sabemos el “para qué” de todo, o casi todo, lo que hacemos. Lo que suele suceder es que no nos hemos parado a tomar consciencia de ello, o no nos atrevemos a buscar la respuesta por miedo a lo que pueda surgir. Considero que todo lo que hacemos lo hacemos porque, de forma directa o indirecta, a corto o largo plazo, contribuirá a nuestra felicidad. Y aquí surge otra pregunta que utilizo a menudo con mis clientes en los procesos de coaching: ¿qué es para ti la felicidad?

La mayoría de veces el cliente se remueve en el asiento, cosa que significa que la pregunta no le ha dejado indiferente. Las respuestas suelen comenzar por un “… bueno… estar bien… estar bien con uno mismo…”, otras veces empiezan peor “…no tener problemas…” Siempre procuro insistir e intento que el cliente defina su significado de felicidad basándose en aquello que quiere conseguir más que en aquello que quiere evitar. La labor no es del todo sencilla.

Ya los griegos discutían sobre qué es la felicidad sin ponerse demasiado de acuerdo. Decía Aristóteles que todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices, pero en cuanto intentamos aclarar cómo podemos serlo empiezan las discrepancias. Para unos puede ser alcanzar las metas propias de un ser humano; para otros valerse por sí mismo sin depender de nada ni de nadie; para otros es experimentar placer intelectual o físico. Bien pudiera ser la suma de todos ellos.

Independientemente de cual sea el significado que cada cual le dé a la felicidad, hay un elemento común en todos: alcanzar aquello que nos proponemos, independientemente de lo que sea, contribuye a que seamos un poco más felices. Y esta idea bien puede ayudarnos a guiar nuestras vidas. Si cada vez que tomamos una decisión, y tomamos miles, si cada vez que pasamos a la acción nos hiciéramos la pregunta “¿esto me ayuda a ser más feliz?” seguramente acabaríamos siéndolo.

Doy por sentado que quieres ser feliz ¿decides y actúas para serlo?

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