¿Sirve el coaching?

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Una de las dificultades que nos encontramos las personas que nos dedicamos profesionalmente al coaching es la falta de confianza que el potencial cliente puede tener respecto al proceso en sí. Existe un cierto excepticismo en cuanto a la efectividad de la disciplina y la mejor manera de vencer ese excepticismo es probándola. ¿Es el coaching una herramienta válida para cualquier persona? La respuesta que me surge de forma casi automática es: sí, el coaching es válido para cualquiera.

Si bien la respuesta es decidida y contundente, sin espacio para la duda, debo matizar que la persona debe estar preparada. Y no me refiero a una preparación específica en cuanto a habilidades. Me refiero a la actitud respecto a su intención de crecer como persona. Hay un dicho – creo que hindú – que reza: “cuando el alumno está preparado aparece el maestro”. Y no lo digo porque el objetivo del coach sea enseñar al cliente – aunque a veces pueda suceder -. Lo digo porque la persona que inicia un proceso de coaching debe estar segura, y el coach le debe ayudar, de que ha llegado su momento  – no el del coach – para iniciar el camino. Por muchas  ganas que tenga el coach para que le contraten, siempre debe prevalecer el estado de predisposición, ilusión y ganas del cliente.

Aún así  al cliente le puede seguir quedando la duda: “¿me está funcionando?” ¿cómo saber si el proceso de coaching va por buen camino? Hay algunos síntomas que el cliente – coachee – puede percibir y le van a indicar si le está sirviendo el proceso. Algunos de ellos pueden percibirse ya en la primera sesión:

  • Descubrir que una determinada pregunta que le hace el coach no se la había hecho nunca antes.
  • Darse cuenta de que el objetivo que perseguía no lo tenía tan claro como le parecía.
  • Justificarse ante determinadas preguntas, que nada tiene que ver con explicar las razones por las que una determinada acción se llevó a cabo. Justificarse es defenderse y el coach no está ahí para atacar. La justificación es señal de que la persona tiene algún tema pendiente, consigo misma o con alguien.
  • Descubrirse evaluando alternativas que solo/a antes no se hubiese planteado.
  • Verse trazando un plan de acción para avanzar en pro de su objetivo.
  • Salir de la sesión con ganas de ponerse en marcha y ejecutar el plan de acción.

Pero sobre todo hay una sensación que, por encima de todas, determina si el proceso está funcionando: las ganas que tiene el cliente de explicarle a otras personas las mejoras que percibe, aunque no encuentre las palabras adecuadas y no sepa explicarlo.

Podría escribir páginas y páginas sobre la efectividad del coaching, pero lo mejor es probarlo. ¿Qué puedes perder? ¿En cuánto valoras tu futuro y tu felicidad?

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